De repente estoy ahí.
De pié.
En mi habitación.
Dándole vueltas y vueltas a lo que me dices.
¿Será que soy una ilusa?
¿Será que es cierto todo lo que dices?
¿Será que no quiero ver la realidad tal y como es?
Puede ser.
Sólo se que ahora mismo no veo otra cosa que un fondo un poco borroso de esos árboles que puedo ver desde mi habitación, una gota que cae y que vuelve a caer en mi ventana.
Abro la ventana.
Decido pararla y ver que hace.
Esa gota queda por un instante quieta.
Dos segundos después vuelve a andar poco a poco. Lentamente.
Hasta que vuelve a coger el ritmo.
No se paró; ya que si se para, nunca volverá a coger el ritmo.
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