Me gustan las cosas dulces, si paseamos comeré sin parar bolsas y bolsas de gomitas, pero también yo lo soy tanto, que tal vez decidas comerme a mi, eso está por ver.
Es cierto que a veces miento, pero mis mentiras son tan creíbles que ni te darás cuenta.
Lloro demasiado, pero soy tan divertida, en ocasiones, que te dolerá cada centímetro del cuerpo de tanto reírte.
Me río muy a menudo la verdad, pero tengo una risa tan vital que cuando la oigas estarás siempre al acecho para oírla otra vez.
Se me da bien dibujar y nunca me han enseñado a sonreír, tuve que aprender sola.
Soy incapaz de estarme quieta, hablo demasiado y me enfado muy deprisa, aunque se me pasa muy rápido.
Lo que puedo prometerte es que no te aburrirás conmigo, te volveré loco y querrás salir corriendo de lo pesada que me pongo a veces, pero no podrás, porque soy como una droga y sentirás una adicción descontrolada hacia mí.
Vivirás sin saber lo que te espera conmigo y seré yo quien marque las pautas.
Desde que te conozco soy yo misma, pero antes me hubiese pensado si estaría contigo cien años o si te dejaría mañana e iría a que me receten a otro tipo tan parecido a mí; pero eso ya lo sé, y me quedo con la primera opción de los cien años junto a ti. También te darás cuenta, con el tiempo, de que soy algo caprichosa y un poco coqueta también, para qué negarlo.
Te querré locamente y me equivocaré al decirlo para que lo entiendas al revés, me gusta dar juego y no soy nada vergonzosa.
Canto en la ducha y escribiré tu nombre en la arena todos los veranos. Hace falta decir que soy muy celosa, pero eso se me pasa con el tiempo, o al menos lo supongo.