Disfruta con las pequeñas cosas...
Que recuerden, después de mucho tiempo, algo que tú dijiste en su momento pero que ahora no recuerdas. Sentir su aliento susurrándote al oído. Volver a leer una y otra vez los mensajes de alguien especial. Pisar la arena de la playa caliente que aún no está pisada. Los dos segundos entre canción y canción, donde se hace el silencio. Dejar para el último bocado el centro del sándwich. Quitarte las zapatillas de deportes con los propios pies y con los cordones puestos. Escuchar música con los ojos cerrados. Crujirte los dedos, uno a uno. Poner de moda entre tus amigos una expresión. Presionar el dedo contra una luz para que se vea rojo. Bostezar en público y pegar el bostezo a los demás. Estornudar muchas veces seguidas, hasta dolerte la nariz. Pasar de estar en la sombra, a estar en el sol y sus rayos te cieguen y relajen hasta el punto de no querer moverte del sitio. Rebozarte en la arena de la playa, y después, ir a enjuagarte. El dolor que te entra en la mandíbula al saborear una chuche demasiado ácida. Reir tan escandalosamente que tengan que mandarte a callar. Intrigarte por saber el que se siente al estar enamorada. Que te dejen sin palabras.
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